La diabetes altera el metabolismo de la glucosa (azúcar) en el organismo. La insulina es una hormona que permite la utilización de glucosa. Es producida por el páncreas, un órgano situado detrás del estómago. En el diabético, el páncreas no segrega insulina o la produce en cantidades muy pequeñas. Siendo esa hormona la que está involucrada en el proceso, podemos diferenciar a la diabetes en dos subclases: insulinodependiente y
no-insulinodependiente.
El objetivo del tratamiento es la utilización adecuada de la glucosa; de esta forma se evitan en gran medida complicaciones tanto del diabético insulinodependiente como del no-insulinodependiente.
El tratamiento habitual abarca una serie de medidas, tales como, régimen dietético, ejercicio físico y medicación, ya sea insulina o hipoglucemiantes orales.